Romina Cornejo Ramos es la figura de la inocencia transgredida por dos balazos. “Pudo ser tu hija, pudo ser tu nieta, pudo ser tu hermana”, reza el afiche con el que la familia de la pequeña pide ayuda para conseguir el dinero que permita operarla en el extranjero y sacarla de la Unidad de Cuidados Intensivos (UCI) del Instituto Nacional de Salud del Niño – (INSN). La cuadriplejia trunca sus pasos bailarines. La frase del afiche encierra una verdad amarga.
Pudo ser cualquiera, pero fue ella. El 8 de agosto Romina se refugiaba en la seguridad del abrazo de su abuela paterna, María Rosario Vega, cuando cuatro sujetos les estrellaron la realidad en la cara. José Luis Astuhuamán, alias “Papita”, acompañado por otros tres delincuentes, decidió que por US$2.000 valía la pena jalar el gatillo. Se llevaron el dinero y dejaron una bala en el hombro y otra en el cuello de la niña que poco o nada entendió de lo sucedido.

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